La relación de los padres con los hijos se construye momento a momento, día a día; la vida nos ofrece diversas actividades en el transcurso del día, que es increíble que no las aprovechemos. Mucho influye el hecho de que sean tan cotidiana, es lo que hace que no se les de la importancia debida. Hablemos de la hora de levantarlos para llevarlos al preescolar, en el desayuno, al vestirlos, el baño, el camino a la escuela, en fin, todos los momentos que se dan, son oportunidades para ir fincando la relación entre padres e hijos.
La manera en que los despertamos y como los vestimos, todo esto a nuestros hijos les va indicando como relacionarnos: con exigencia, tolerancia, alegría, con acercamientos o con golpes. Esto ha ellos les dice como estamos y que pueden esperar de nosotros.
Es tan hermoso llegar con tus hijos y despertarlos con besos, cosquillas, juegueteos, etc., que ha ellos les alegra el día, y a nosotros con esa sonrisa y el abrazo matutino que nos regalan, es suficiente para poder llevar a cabo cualquier rutina laboral con gusto, esperando volver a ver esa sonrisa y la carita de sorpresa al platicarnos lo que aprendieron en el día.
La relación la tenemos que empezar a construir nosotros, no ellos; nosotros tenemos que acercarnos a ellos y hacer de nuestra compañía un momento de confianza, de seguridad, de crecimiento.
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